EL MIEDO es una emoción. Se le considera un mecanismo de supervivencia al dolor, al peligro o a lo incierto y puede ser causado por hechos reales o imaginarios. El miedo no pertenece a nuestro poder interno ilimitado. El miedo no nos deja expresar nuestro propio yo, nos estorba para mostrar nuestra propia esencia y para usar nuestra voz o nuestros talentos.

El miedo nos limita para expresar quienes somos realmente en nuestro espíritu. También nos limita de crecer, expandirnos, crear, dar y servir porque esto es parte de nuestra naturaleza divina y no debería dificultarnos ningún trabajo el demostrarlo. Pero, si no estamos alineados a la fuente Creadora de nuestro ser, sufriremos, nos frustraremos y hasta podríamos enfermarnos.

La vida que realmente amamos es la de nuestro verdadero ser interior; es el ser que llevamos dentro que es la fuerza interna ilimitada del  “YO SOY.” Esta es la misma fuerza con la que fueron creados los cielos, la tierra, los bosques… todas las cosas. Por esa fuerza podemos enfrentar el miedo creyendo que tenemos el poder para alcanzar lo que parece inalcanzable.

Por esa fuerza Creadora hemos nacido con la habilidad de respirar para poder vivir y nuestro corazón late perfectamente para llevar la sangre a través de nuestro cuerpo y mantenernos con vida. Nuestro estómago digiere los alimentos sin que le ordenemos al cuerpo y tenemos el poder de caminar, reír y llorar. Hemos nacido dignos y perfectos con todos los derechos para obtener lo bueno y abundante de esta tierra y el universo.

El miedo no es parte de nuestra naturaleza divina, es solo una emoción. Nacemos con todos los derechos divinos para tomar posesión de ello, pero tenemos que aprender a ser seres espirituales dentro de nuestro cuerpo físico y tomar conciencia de que podemos vencer el temor que nos limita. Si estamos conectados con nuestra verdadera fuente Creadora podremos  proclamar nuestro poder interior ilimitado.