Siempre pasa que conocemos a alguien por primera vez y creamos ciertas expectativas sobre él o ella, su forma de expresarse, de vestir, de peinarse e incluso de comer, nos brinda ciertas formas de comportamiento y nos lleva a encasillar a esa persona.
Tomarnos el tiempo de conocer a alguien es difícil puesto que los seres humanos somos superficiales al principio, nos deslumbramos con aquello que vemos o nos sentimos incómodos con lo que vemos también, es básico poder ver más allá de lo que un ser humano representa en su exterior, porque puede ser que haya más de lo que pensamos o incluso menos de lo que imaginamos; estar abiertos a la idea de conocer a alguien a fondo es fundamental, pues nos ayuda a entender parte de nuestra personalidad, ya que casi siempre atraemos al mismo tipo de gente a nuestras vidas, con los mismos gustos, ocupaciones o hobbies que nosotras.
Algo que nos puede ayudar a ver a profundidad a otra persona es su mirada, es muy cierto que los ojos son el espejo del alma y reflejan aquello escondido en el interior, es por eso que es muy importante desde la primera vez que conocemos a alguien verlo a los ojos, su forma de sonreír y como nos ve refleja lo que es en realidad; una persona abierta, conservadora e incluso extrovertida. No saquemos conclusiones de personas que no conozcamos bien, veamos más allá, porque en ocasiones caemos en el error de pensar que alguien nos desagrada o no congeniamos, cuando en realidad no le hemos dado el tiempo a esa persona de que nos cuente sus preocupaciones, secretos e incluso aquello que él o ella consideran como defectos en ellos mismos. Seamos puertas abiertas para darle la bienvenida a otros sin predisposiciones, seamos abiertos a la experiencia de conocer y de ser parte, porque conocer a otros nos abre puertas que puede que nunca se cierren de nuevo.