En momentos difíciles buscamos ese sentido de sobrevivencia, de salir adelante y buscar dentro de nosotros todo aquello que un día fue bueno y que nos brindó felicidad. 

Las lágrimas en nuestros ojos se hacen presentes y no nos permiten ver más allá del ahora y aunque las lágrimas son sanadoras y limpian el corazón y aquello que por dentro este roto, cuando lloramos más de lo que debemos esto nos impide cambiar de página y reconocer que tenemos la suficiente fuerza para salir adelante, que somos capaces de lograr cualquier cosa.

Lidiar con el sentido de pérdida es complicado, sobre todo si hablamos de la muerte de alguien a quien amamos, son situaciones difíciles de superar, pero queda en nosotros reconocer aquello bueno que hicimos por esas personas y lo que ellos hicieron para nosotros también. La pérdida de igual forma puede ser de una pareja, un trabajo e incluso alejarse de la familia. Saber cómo manejar estas situaciones demuestra madurez y carácter, no significa que tengamos que ser duros y fríos, sino que tenemos que tomarnos procesos.

El primer proceso es: Hoy perdí, quiero llorar y sufrir y quiero sentirme mal por esta situación, pero este sentimiento no puede durar para ti más de dos semanas, no es sano para tu cuerpo y tu mente torturarte, debemos dejar ir. El segundo paso es: Ya lloré y pasé por esto, me siento y reflexiono conmigo misma y me hago responsable de las cosas que deba, me perdono, agradezco  y me levanto. Y el tercero: Reconozco que está pérdida será siempre parte de mi vida, pero este dolor no maneja mi vida, ame, me esforcé y perdí pero me siento agradecida por lo que tuve. Hoy me levanto con más fuerza porque el futuro me espera.