A lo largo de nuestras vidas tomamos decisiones que no son del todo positivas, por lo tanto nos llevan a desenlaces que nos crean infelicidad o inestabilidad. Dejamos de creer en las personas, en nosotros mismos e incluso en Dios mismo, ¿Por qué? Se que muchas veces te has hecho esta pregunta que queda sin respuesta; para responder debes entender que las malas decisiones o problemas que la vida nos muestra son por una razón, debes tener una forma de vivir consciente, es decir si yo tomo ciertas decisiones confiando en mi instinto, este me dice que probablemente no sea buena idea y de igual forma lo hago, debo igual esperar algo negativo, no necesariamente debemos ser pesimistas si no pensar en las posibilidades que pueden resultar de esa decisión.
Ahora para recobrar la fe en ti, en los demás y en Dios, no hay nada más importante que ser consciente que la vida funciona de maneras que no podemos controlar físicamente, pero mentalmente podemos tener el control de ellas y darnos cuenta que perder las esperanzas o la fe no nos llevará a nada bueno, por el contrario nos hará sentir solas, sin un soporte emocional, porque existen pérdidas que están fuera de nuestras manos, y no tiene nada que ver con nuestras decisiones sino que es el círculo de la vida, y no es conformarse pero es entender que mi fe me hará mantenerme en pie y ser capaz de sobrellevar aquello que puedo y no puedo controlar, en pocas palabras, la fe es la conciencia espiritual y para recuperarla solo debo aceptar mi entorno, abrazarlo, ser parte de él y salir adelante, porque nadie puede mejorar mi vida más que yo misma. Así que recobrar la fe es una cuestión de aceptación, de autoevaluación, entender que no todas las personas son iguales, que si pasa algo malo no es culpa de Dios y que si tomo una mala decisión debo poder enmendar el error y salir adelante, mientras haya vida, hay esperanza y existe la fe para cambiar el mundo y a nosotras mismas.