El ser humano es consiente que con sus acciones atrae el mal o el bien y que la vida funciona como un boomerang que devuelve aquello que dimos he incluso al doble de lo que imaginamos.

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En nuestra mente muchas veces no percibimos el tipo de daño o bien que podemos ocasionar a alguien más o incluso a nosotros mismos, esto de deriva de pensamientos con propósito que se convierten ya sea en negativo o positivo. Lo más importante es que entendamos que todo aquello que sembramos se convertirá en nuestra mejor cosecha o en la peor de nuestras vidas, es por eso que debemos a traer a nuestra vida, a nuestra mente y a nuestro entorno todo lo positivo que podamos y dejemos a un lado lo negativo que puede acabar con nosotros.

 

Busquemos sembrar frutos dulces, que den abundancia, apertura, comunión con nosotros mismos y nuestro entorno, esto cambiará muchas cosas incluso nuestra perspectiva sobre la vida, es momento de tener pensamientos que surgían de lo positivo, que crezcan entre las matas de la bondad y la abundancia, que nada pueda dañar nuestro fruto y si vemos una fruta que está empezando a podrirse es mejor a dejarla de las demás pues la puede corromper; los pensamientos malos infectan a los buenos y llenan nuestra mente por completo de negatividad y terminamos teniendo cosechas malas y amargas.

 

Nos dice James Allen “Las acciones son brotes del pensamiento y la dicha y el sufrimiento son sus frutos; de este modo el hombre cosecha los frutos dulces y amargos que él mismo siembra”. Todo lo que hemos hecho alguna vez solo fue producto de la mente, es por eso que debemos cuidar nuestros pensamientos para que nuestras acciones solo atraigan cosas buenas a  nuestra vida.