Durante nuestra vida creemos que teniendo todo seremos totalmente felices y con todo me refiero a salud, estabilidad emocional, estabilidad monetaria y estabilidad mental, todas estás cuestiones nos hacen sentir completos, e incluso podemos pensar que el dinero puede comprar todas las anteriores, pues es el bien más valioso, capaz de comprar cualquier cosa en el mundo y que la abundancia de este evita cualquier carencia.
Hay algo importante que debemos entender, lo explica perfectamente bien James Allen con sus palabras “Un hombre puede ser desgraciado y ser rico; puede ser bendito y pobre. La buenaventura y riqueza solo se juntan cuando la riqueza es empleada correctamente y con sabiduría; y el hombre pobre solo desciende a la miseria cuando considera su destino como una carga injustamente infringida”
Es decir que mi mentalidad puede hacerme feliz o no, no mi capacidad material, porque puedo ser millonario y aun así creer que mi vida no tiene ningún sentido y que mi felicidad es inexistente; y puedo ser pobre y creer que mi vida es fantástica, que tengo lo que necesito, que vivo plenamente, tranquilo sin deber nada más que aquello que es sumamente indispensable. Nuestra mente debe estar condicionada por la felicidad que nos causa nuestra propia vida no por un estatus material, si bien el dinero, da estabilidad y tranquilidad, no brindan alegría de la forma que lo hace el abrazo de un niño, la sonrisa de un anciano, la reciprocidad del amor, eso es lo que realmente debe condicionar nuestra felicidad, las cosas pequeñas, cotidianas que nos llenan de luz.
Por eso la felicidad está en lo que pensamos que nos brinda alegría, debemos desde el interior reflejar lo que nos hace felices, sin frivolidades, si no con intensidad desde el corazón
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