Todos los días nos encontramos con distintas personas, de distinto carácter y formas de comportamiento, pero ¿Qué hay de aquellas con las que no convivimos mucho pero creemos conocer? 

Es fundamental que a la hora de conocer a una persona no pensemos en él o ella de la forma que a nosotros nos convenga o se acopla a nuestra forma de vida porque  la decepción será  muy grande y es difícil salir de ahí.

Tampoco idealices a los que amas, porque son humanos, cometen errores y no son perfectos en lo absoluto, aparte de amar, querer o simpatizar con alguien debe existir algo básico que es la aceptación y  el deseo de conocer a alguien tal y como es, todas estas cosas conllevan a la idea de no crear un personaje en nuestra cabeza de una persona que físicamente existe pero que en comportamiento no.

Tomémonos el tiempo para conocer a todas las personas, a aceptar que se equivocan, no creemos príncipes azules o princesas de cuento, no creemos en nuestra mente algún tipo de final feliz extraño y no porque no exista sino porque el resultado real te hará daño si sigues pensando en los demás de manera errónea, todos somos humanos, nos equivocamos y la felicidad vendrá a nosotros de maneras increíbles, si aprendemos a tener confianza en nosotros mismos y a creer que no necesitamos una fórmula mágica para acercarnos a los demás; simplemente un poco de aceptación para lograr una vida plena.

Alejemos nuestros deseos mentales creados por un programa de televisión o una película, que si bien pueden basarse en la vida real no todas las vidas se viven igual y no nos encontraremos a las mismas personas, es por eso que crear lazos reales con cada individuo nos aleja más de la idealización y nos acerca a conocer la esencia de cada ser humano; al conocer  sus gustos, pensamientos, ideologías, miedos e incluso momentos de ira que nos harán sentir que podemos ayudarle y los convertirá en seres reales y de carne y hueso frente a nuestros ojos. No creemos cuentos, vivamos la vida real y disfrutemos a las personas por lo que realmente son.